Jarno viajaba en furgoneta con su padre Enzo y su mecánico Dino La Cioppa hasta los kartings de Parma, Pomposa y Jeselo, entre otros, de modo que tenían que conducir toda la noche para volver a Pescara. Su padre incluso se tomaba días libres para apoyar la ambición competitiva de Jarno.
Las cualidades de Jarno, el joven piloto de karts, son de sobra conocidas para quienes trabajan hoy con él, explica Dino:
“Su padre y yo éramos amigos y Jarno empezó a pilotar karts en el circuito. Desde el principio fue todo un apasionado; siempre trataba de mejorar. Para un chico de su edad, llegó al límite de la perfección. Con tan sólo 8 o 9 años ya conducía como si tuviera 14 o 15. Era un piloto inteligente, muy racional.”
Tras su éxito en los karts, Jarno salió a comerse el mundo y en 1991 ganó el Campeonato del Mundo de la Fórmula K, en 1994, el título de Fórmula C y, por último, en 1995, la corona de la Fórmula Super A, tras la cuál pasó a los monoplazas.
También se hizo con el título de la Fórmula 3 de Alemania antes de pasar a la Fórmula 1. Evidentemente, es un orgullo para todos aquellos que le ayudaron a dar sus primeros pasos, a lanzarlo al estrellato. Como su madre Franca comenta,
“Sobre todo me llena de satisfacción y emoción, ya que ha logrado cumplir su sueño.”
¿Qué cualidades humanas le han ayudado a alcanzar la categoría reina de este deporte? Tras haberle guiado a través del mundo de los karts y haber vivido las idas y venidas de la Fórmula 1, su padre Enzo es el más indicado para responder a esta pregunta.
“Es muy decidido y testarudo”, confiesa.
”Se ha empecinado en llegar a lo más alto a toda costa y, en lo que al entrenamiento físico se refiere, está obsesionado. Si tiene que entrenar dos horas diarias, entrena dos horas diarias. No deja que nada le distraiga; para él es una obligación y hace lo que tiene que hacer.”
Con 194 Grandes Premios disputados, ocho podios y una victoria en su haber, no cabe duda de que sus esfuerzos han valido la pena y que Jarno guarda muchísimos recuerdos felices del pasado.
“Bueno, seguramente uno de ellos es Mónaco, cuando gané mi primer Gran Premio, aunque he de decir que mi último podio con Toyota, a principios de año cuando acabé tercero en Magny–Cours, fue un momento maravilloso, tanto para mí como para el equipo, ya que llegó tras un par de temporadas difíciles. El equipo me ha apoyado muchísimo, así que fue una sensación fantástica.”
Desde que debutara en la Fórmula 1 en 1997, no sólo ha crecido el palmarés, sino también la familia. Jarno se casó con Barbara en 2004 y, en 2005, tuvieron a su primer hijo, Enzo. Dos años más tarde llegó Marco.
Barbara nos ha contado lo siguiente:
“Estoy muy orgullosa del trabajo de Jarno, su orgullo, su estilo de vida. Por una parte, es agotador, no para nunca; por otra, vive situaciones y experimenta emociones que, de lo contrario, si llevara una vida tranquila, no viviría ni experimentaría.”
Enzo y Marco son demasiado jóvenes para ver el automovilismo como una carrera profesional y el orgulloso papá Jarno, que guarda intensos recuerdos sobre lo mucho que tuvo que luchar para mostrar su potencial, preferiría que no lo vieran una opción.
“Espero que compitan en otro deporte, como por ejemplo tenis, golf o fútbol. No quiero volver al mundo de los karts, porque para mí sería como volver a empezar. Fue realmente difícil llegar a la Fórmula 1; hay que sacrificar mucho. Además, vivirían a la sombra de su padre, y no creo que eso sea bueno para los niños.”