¿Cómo se las arreglan para gestionar el hecho de tener al personal repartido entre el garaje y el paddock?
Hay bastante distancia entre las dos zonas y no siempre es fácil moverse libremente, porque el acceso a los garajes está restringido mientras los coches están en la pista. Uno de los problemas habituales es que cuando desembarca todo el mundo aquí la red telefónica móvil local se satura y no siempre funciona bien, por lo que hay que contar con la comunicación por radio. Tenemos a un técnico dedicado en exclusiva a este aspecto, para poder controlar el sistema de radio ampliado. Además, en el paddock siempre hay una o dos personas, porque allí tenemos todo el material y si necesitamos algo ellos lo llevan de aquí para allá. Si queremos que todo funcione bien, tenemos que trabajar con más personal.
¿Resulta extraño no correr el viernes en Mónaco?
En cierto modo es positivo, aunque personalmente prefiero el ritmo de un fin de semana de carrera habitual. En Mónaco tienes que preparar los coches el lunes, el martes y el miércoles y el jueves toca saltar al asfalto. Entonces tenemos un día libre y todo vuelve a pararse, por lo que el sábado hay que volver a ponerse las pilas y recuperar la adrenalina.
¿En cuántos grandes premios de Mónaco ha participado? ¿Qué es lo que más le ha impresionado en todos estos años?
Este será mi séptimo gran premio y, cada vez que vengo aquí y veo todo el montaje y la organización, no puedo evitar quedar maravillado. Aquí, los comisarios son capaces de retirar un coche del asfalto más rápido que en cualquier otro lugar. Están atentos al más mínimo detalle y actúan en un abrir y cerrar de ojos.
¿Recuerda alguna anécdota especial relacionada con Mónaco?
El año pasado, antes de que empezara una de las sesiones, reventó un conducto de agua del piso de arriba y, evidentemente, todo se torció. El agua empezó a correr a raudales y fue cayendo encima de las cajas y armarios eléctricos del garaje, por lo que tuvimos que controlar los coches desde un ordenador portátil Panasonic Toughbook. De todas formas, si no tenemos en cuenta los móviles y las radios que se han caído al agua en el puerto, ¡no nos ha ido tan mal!
¿Ha tenido que negociar alguna vez con el director del puerto?
A veces hablo con él, en nombre de patrocinadores o clientes que quieren instalarse allí con sus yates. La verdad es que ni siquiera es cuestión de dinero, sino de las plazas libres y de quién está amarrado, por lo que hay que negociar mucho. También depende de qué van a hacer en el yate. Por ejemplo, el director del puerto quiere saber si se celebrará alguna fiesta o si habrá invitados famosos. Cuantas más fiestas mejor, ya que lo primero son el glamour y los oropeles.
En general, ¿considera que pesa más el placer o los problemas logísticos?
Es un sitio mágico. En un Gran Premio, siempre intento buscar lo positivo en lugar de centrarme en los contratiempos. Tal vez en el futuro, al echar la vista atrás, pensaremos que tuvimos la oportunidad de correr en Mónaco y que nos pagaban por disfrutar del automovilismo en un lugar como este. ¿Qué más podemos pedir?
L.S.
Toyota F1